¿Bien o en familia?

¿Bien o en familia?

¿Puede que «¿Bien o en familia?» sea la expresión genealógica más pesimista y triste que existe?

Yo digo que sí.

Hasta que no empecé la aventura de tataranietos no lo conocía y cuando me lo espetaron sonriendo un día me pareció un dicho un poco burro.

Entendía perfectamente de dónde venía y el sentido que tenía, pero igualmente me pareció una visión de la familia muy negativa.

Sigue pareciéndomelo, de hecho, y eso que soy consciente de que estar en familia puede ser complicado.

Porque estar con otras personas en un espacio delimitado durante un tiempo prolongado acaba generando conflictos.

Yo quiero esto, tú lo otro.

Y además, yo quiero esto para mí y tú lo quieres también y no hay para los dos.

Esos conflictos pueden ser de pequeña o gran intensidad, obvios o indefinidos, puntuales o recurrentes.

Todos desgastan.

Y hacen que puedas sentir tu familia una carga.

¿Es una mala racha o la familia es disfuncional?

Si aspiras a que en tu familia haya siempre paz, tranquilidad y harmonía te vas a llevar un chasco, te vas a frustrar.

Pero si todo es kaos, malas caras y sacrificios pues tampoco es plan.

Estar en familia puede equivaler a dolores de cabeza y malestares que ojalá estuvieran equilibrados con alegrías, festejos, apoyos, ánimos y mimos.

Puede ser muy cansado convivir, cuidar de otros (sobre todo si tienen necesidades especiales por edad o estado de salud física o mental), así que entiendo que para algunas personas sea agotador formar parte de un grupo familiar y acaben fantaseando con librarse de él por lo menos un rato.

Ahora bien, cuando llega el punto en que o bien se está a disgusto con tu núcleo familiar o bien no quieres imaginar pasando el rato con algunos de tus parientes hay que ver qué está pasando.

A veces tocará hablar, llegar a consensos, buscar ayuda, mediación y a veces tocará poner distancia, espaciar los encuentros o separarse.

Hablemos de violencias

Me gustaría decir antes que en el post sobre la abolición de la familia en que hablaba de que «la institución de la familia es un nido de violencias» nadie dijo ni mú. Cero comentarios. Pensé: he tocado un tema para el que los tataranietos no están preparados y aquí me tienes, otra vez con lo mismo desde otra perspectiva.

Relacionarte con algunos de tus parientes puede ser un infierno si tienen mal carácter, son reactivos, imponen sus criterios, humillan, desprecian o no hacen ni caso.

Lo primero: la violencia está dentro de cada persona.

Todas ejercemos violencias contra otras personas, de menor o mayor impacto, a menudo o puntualmente…

La mayoría de veces las inflinjimos sin ser conscientes ya que no sabemos comunicarnos mejor.

Hemos aprendido cómo relacionarnos con nuestra pareja, con nuestros hijos y con familiares de formas dañinas.

Vivimos en una sociedad patriarcal que lleva siglos animando a los hombres a dominar por la fuerza a mujeres y criaturas ejerciendo el control y la censura sobre sus comportamientos para que se adapten a sus criterios y objetivos.

A eso le añadimos las ideas tan difundidas durante décadas y décadas sobre el amor romántico que han contribuido a que estar en pareja pueda ser asfixiante y también lo mezclamos con adultocentrismo, ¡y menudo cóctel… Violencias por doquier!

Para obligar a miembros de la familia a tomar determinadas decisiones, a seguir X normas ejercemos violencias psicológicas (menosprecios, insultos, gritos), físicas (tirones, bofetones, empujones), económicas (restricciones, despilfarros), ambientales (portazos, romper obejtos) y sexuales (presiones, agresiones, violaciones).

Violencias las ejercemos todos

¿Quién no ha pegado un grito alguna vez?

¿Quién no se ha portado mal con otra persona?

¿Quién no ha presionado a otra para que haga algo que no quiere?

No hay nadie que se salve de acometer violencias contra otros, nadie es un ser de luz.

No hace falta ser agresivo para ser violento. La persona que parece más pacífica puede ser una manipuladora.

Hay violencias como los silencios prolongados, las mentiras sistemáticas o la luz de gas que hacen un daño invisible pero real a familiares que acaban con cuadros de ansiedad generalizada cuestionándose lo que perciben sus sentidos.

Se puede acometer violencias con o sin crueldad, con o sin consciencia, con o sin premeditación.

Seamos conscientes de ello y pensemos si somos parte de los problemas para poder encontrar la solución a los malestares.

Y tú, ¿bien o en familia?
¿Bien y en familia?
¿O a veces una cosa y a veces otra?

Fotografía: https://flic.kr/p/RNEGGW

4 comentarios en “¿Bien o en familia?”

  1. Este blog llega en un momento específico, tanto que parece una señal. Mi situación es de padres mayores y dependientes con tres hijos, dos mujeres y un hombre. Tenemos diferentes puntos de vista y como es tristemente habitual el de género masculino, bajo el argumento de que no ve necesidad, no se hace cargo de la situación. Su tiempo «vale mucho» y prefiere pagar ahora que hemos empezado a pasar noches hasta que encontremos una solución definitiva. Dividimos el trabajo en tres partes y él paga a una persona externa que mi hermana ha buscado. Es un foco de conflicto continuo porque a cualquier comentario con el que no esté de acuerdo salta como un resorte y utiliza el ataque como su mejor defensa con acusaciones hirientes, incluso con salidas de tono y faltas de respeto. El trato llega a ser vejatorio hacia mi madre llegando incluso a la crítica por asuntos domésticos, tal es el punto que ayer acabó llorando desconsoladamente por su comportamiento.
    Por mi parte, en familia, bien no.

    1. Hola Sonia:
      Me alegra saber que el post te llegue en el momento en que lo necesitabas.
      Siento que estés pasando por esta situación familiar.
      Espero que encuentres la mejor manera de abordarla aunque cuando una parte en un conflicto está muy cerrada al diálogo todo se complica.
      Un abrazo

  2. En muchas ocasiones, no es posible hablar entre miembros próximos de la familia; al menos, como primera medida objetivamente deseable, y frcuentemente recomendada por otros miembros próximos de la familia que no estan en la piel ni del uno ni del otro. Simplemente, no es posible hablar (ya no hablo de escuchar, porque si no se puede hablar menos lo es todavía escuchar).
    Ante esa situación, en la que me encontrado (superada hoy en día) y otras que también me encuentro, el alejamiento es -al menos en mi caso- doloroso cuando el silencio es entre parientes muy próximos. Mi opción ha sido apostar (y así comunicarlo) por el respeto mútuo ante distintos modos de percibir una misma situación, y si se quiere, optar también por el cariño; y decir expresamente y en el mismo mensaje que, ni para lo uno ni para lo otro, se necesitan «palabras».
    Yo, al menos, es así como lo siento. Si con todo, persiste el bloqueo por la otra parte, quizás ya no haya ni voluntad. Y si no hay voluntad, entonces, esa receta ya no sirve.
    Un saludo,

    1. Hola Esther:
      Si no hay voluntad, por lo que sea, poco se puede hacer por mejorar la situación, toda la razón.
      Ojalá poder estar en sintonía y encontrar el modo de hablar, de escuchar, de perdonar, de reparar…
      Un abrazo

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