
“El relato va siempre por delante de la historia”.
Ángel Viñas
Explicar, decir, nombrar, relatar, comunicar…
La vida se cuenta.
El pasado se recrea, se adorna, se maquilla, se deforma, se olvida…
El pasado acaba siendo una versión, es así, queramos, o no.
Hablar de lo vivido en el pasado, de las experiencias propias y de las ajenas, es importante para recordar y para lo contrario, para olvidar, para tratar de no repetir lo malo y animar a replicar lo bueno.
Es lo que pasó.
Y también es cómo se cuenta luego lo que ha pasado.
Cómo te lo cuentas a ti.
Y cómo se lo cuentas a los demás, si es que quieres contárselo.
No todo se cuenta, hay eventos que se ocultan deliberadamente.
Y si te apetece y/o necesitas contártelo/contarlo, ¿cómo lo haces?
¿Con la máxima objetividad, con artificios o mintiendo?
¿Vas a ser pesimista u optimista con tu relato?
Todos somos relatores y tenemos sesgos
Lo que pasó nunca cambia, pero el relato desdibuja, transforma, niega, reafirma hechos.
Y por eso quien domina el relato impone su ideología, sus temas pendientes, su mirada.
Los manipuladores, sepan que lo son, o no, lo hacen continuamente, nos ofrecen una versión de la realidad y de determinadas historias y nos la repiten y repiten hasta que es una versión única de los hechos y así las voces discordantes dejan de hablar y/o escucharse.
A veces nos hacen gaslisghting, nos dicen que lo que pasó no pasó o que pasó de otra forma con la intención de que dejemos de confiar en nuestra memoria y en nosotros mismos, en definitiva.
Y aunque hay puntos de vista bastante diferentes entre sí, que son contradictorios e igualmente válidos, la verdad es que si hay versiones del mismo hecho muy, muy dispares es síntoma de que una parte está mintiendo y sería bueno intentar averiguar quién.
No es lo mismo explicarte que has tenido la culpa de que te hayan robado a que te digas la mala suerte que has tenido por estar en el sitio y momento equivocados.
No es lo mismo decir que tu hermano es una malísima persona que se ha propuesto hacer la vida imposible a tu familia a contar que tu hermano tiene X problemas que están afectando a la familia de X formas.
No es lo mismo compartir que no pudiste estudiar lo que querías porque tus padres fueron unos egoístas o decir que tus padres no supieron apoyarte porque tenían una visión determinada de la vida bastante incompatible con tu modo de ser.
No es lo mismo contar las cosas con desprecio, con miedo, con vergüenza, con orgullo, con tristeza, con humildad, con sinceridad, con dudas, con entusiasmo, con alegría… Y no hay una única forma de contar, todas son posibles, válidas y hasta complementarias.
Y es que necesitamos contarnos las cosas que nos han pasan, contarlas a nuestros coetáneos y a veces contarlas a las generaciones futuras.
Podemos ser catastróficos o ser edulcorados revisionistas.
Podemos tener la voluntad de manipular, hacerlo igualmente de forma no consciente o esforzarnos por ser honestos (tengamos en cuenta que solemos tender al presentismo).
Y todas esas posibilidades modelan el pasado.
Al final acaba dando igual lo que pasó y se impone lo que acabamos contando que pasó.
Seamos responsables con ello.
Tomemos conciencia del poder de los relatos
De los nuestros y de los demás, los genealógicos y los de otro tipo. porque continuamente recibimos mensajes sesgados.
Las personas ¡y los documentos! relatan hechoscon su propio punto de vista.
¿A qué tendríamos que aspirar?
Pues creo que a tratar de contarnos nuestras historias sin faltar a la verdad revelando qué sabemos, qué no, qué intuimos y por qué, sin romantizar ni demonizar, con optimismo, con cariño y compasión.
Como eso no puedes exigírtelo, porque es mucho, ni obligar a ello a todo el mundo, te toca a ti trabajar en esta línea y prestar atención a cómo, por qué y desde dónde relatan los demás.





Me ha gustado mucho. Veo una exposición objetiva y práctica. Muy a tener en cuenta tanto cuando leemos historias como cuando las contamos. Enhorabuena.
Hola Juan Antonio:
Me alegro de que te haya gustado el post, gracias por decírmelo.
Saludos
Bello y realista el relato que acabo de leer. Casualmente ayer, mí esposo me ha hecho una revelación, después de 50 años, de un hecho que mí padre le contara
. Ya no puedo verificar nada. Es muy difícil. Hay dudas que quedarán por siempre cuando no tenemos forma de investigarlas🥲
Ostras, Lili, qué momento has tenido que vivir. Espero que puedas conseguir contexto a esa revelación aunque te queden algunas dudas.
Un abrazo
Esto me ha tocado muy fuertemente. Considero empezar un blog genealógico, para contar los cuentos que me contaron mis parientes que ya no viven, de modo que no se pierdan después de mi muerte. ¡Agradezco muchísimo lo que ha escrito!
Por favor, perdóneme la torpeza de lo que escribo, el español es mi segundo idioma, y hace muchos años que no lo hablo ni escribo.
Hola Sue:
Me alegro de que el post te haya emocionado y te anime a escribir sobre las historias de tus familiares y compartirlas con más gente.
Un abrazo
Muy buenas tardes. He leído su texto,y hoy, veinte años después vengo a descubrir la base personal que aplique desde el momento que inicie mi andadura a la búsqueda del origen del apellido «Falagan» aunque a la fecha haya conseguido indagar hasta la octava generación de mis antepasados, mi octavo abuelo. Falacias, Mentiras, Sentencias no documentadas, venían a decir que los primeros «Falagan» aparecieran en España con los ejércitos ingleses para luchar contra los franceses en 1808.
Ironía de ironías en Fresno de La Valduerna (Leon-España), es donde se localiza mi OCTAVO ABUELO
Hola J.
Me alegro de que tu investigación te haya ayudado a conocer la verdad de tus Falagan.
Gracias por compartirlo.
Saludos