
Voy a hablar de un tema que creo que es fundamental que las personas nos planteemos, ya sea como privilegiadas o como oprimidas, con la intención de contribuir a la erradicación de ideas muy injustas y muy traumáticas que impiden a muchas personas tener una vida plena.
Hace un tiempo me propuse ahondar en el trauma transgeneracional del género y ahora quiero compartir en este post algunas ideas importantes sobre el trauma transgeneracional del racismo.
Escribo teniendo en cuenta mi blanquitud y los privilegios que me otorga mi color de piel para poner el foco en este gran problema transgeneracional y que cada tataranieto revise cómo lo siente, cómo ha actuado y cómo quiere actuar al respecto.
Una única raza, la del ser humano
La idea de que existen las razas ya es algo que ha sido desmontado una y otra vez por la ciencia, las disciplinas que más han aportado a ello son la genética y la antropología, pero a pesar de ello, la idea sigue muy instalada en la sociedad.
La raza es algo cultural no natural.
La raza, igual que el género, es un concepto con genealogía, desarrollo teórico y cambios durante su expansión.
La raza es algo relativo.
Un ejemplo: más de una y más de dos veces una persona española que se siente blanca se va a vivir a otro país y en el extranjero acaba siendo considerada de raza latina o hispana. Misma persona clasificada por dos entornos de forma diferente.
Y es por casos como este por lo que se habla de personas racializadas (a las que se les ha clasificado con una raza que no es la blanca, la raza estandard, la «neutra»).
El racismo es una idea peligrosa
El racismo, la idea de que algunas personas por sus rasgos físicos, color de piel y herencia genético-cultural, son superiores o inferiores a otras, es algo tremendamente dañino que no ha parado de causar estragos acumulativos.
Las ideas racistas, y coloristas (discriminación cada vez mayor a media que el color de piel de las personas es más ocuro) han sido el motor de segregación, abusos, malos tratos, robos, palizas, linchamientos, violaciones, esclavitud, asesinatos, genocidios…
Muchos actos terribles que han persistido y dejado huella en muchísimas personas, y sus descendientes (repasa los estudios de epigenética que demuestran que los traumas se heredan), que han perdido parte o la totalidad de su patrimonio, su libertad, su cultura, su dignidad, su salud, su vida… por unas ideas que se gestaron, transmitieron, instalaron, modificaron, actualizaron y perpetuaron durante generaciones para privilegiar a una población a costa de otra.
Descendientes
Cada descendiente de una víctima del racismo tiene traumas familiares y colectivos que abordar, más sus propios traumas personales, que merecen reconocimiento y reparación.
Un ejemplo de ello lo tienes en el documental «Descendientes» que puedes ver en Netflix en el que se cuenta cómo vivieron los últimos esclavos que fueron secuestrados en África para traerlos en el barco Clotilda hasta EE.UU. y cómo viven sus vidas sus descendientes en África Town.
En un momento del documental Mable Denison, una descendiente, sostiene un árbol genealógico y comparte esto:
«Muchas personas negras no saben quiénes son. No saben de dónde vienen. No saben quiénes son sus antepasados. Y les gustaría saberlo. Muchas de esas cosas se hicieron a propósito. Se hicieron para que nunca supieras quién eras ni pudieras averiguar tu ascendencia. Pero todo el mundo quiere saber algo de sus antepasados».
Sí, el racismo ha arrebatado a muchas personas el conocimiento de sus orígenes intencionadamente (no registrando a personas y/o destruyendo documentos) y los gobiernos y los genealogistas deberíamos ayudar a remediarlo.
Por cierto, la Unión Africana declaró la esclavización como un crimen contra la humanidad.
Por un mundo sin supremacismos
Las ideas racistas, también las xenófobas, siguen convenciendo y conveniendo a aquellas personas que no las sufren.
Considerar a otros con los que no compartes ciertas características, inferiores, peligrosos o salvajes no legitima las violencias que inflinges. Tus ideas están mal y te hacen peor persona, ¡cámbialas!
A veces cuesta ver nuestro racismo (también el interiorizado) tanto como puede costar ver nuestro machismo, capacitismo, clasismo, edadismo… Fórmate para detectar y desactivar esos prejuicios.
También cuesta reparar los daños que se han cometido a nivel personal y a nivel colectivo, cuesta, pero se debe hacer. Cambiar para que haya equidad y justicia no es perder beneficios es ganar un mundo mejor.
Revisa tus pensamientos y acciones del pasado y actuales. Renueva tus ideas. Renuncia a las ventajas de mantener las injusticias que sustentan las ideas raciales.
¿Quieres saber más?
Te recomiendo «Marcados al nacer: La historia definitiva de las ideas racistas en Estados Unidos» de Ibram X. Kendi que tuvo su versión documental.
Y también seguir el trabajo antirracista de Desirée Bela-Lobedde, el de Quan Zhou, el de Afroféminas, el de Afrocolectiva y escuchar el podcast «No hay negros en el Tíbet».




