
«Somos lo que hacemos ver que somos, por tanto, debemos tener cuidado con lo que hacemos ver que somos».
Kurt Vonnegut
Decía Caetano Veloso que «De cerca nadie es normal» y yo obvio estoy muy de acuerdo con el músico brasileño, por eso el título del post (tú ya me dirás si también lo estás cuando acabes de leer lo que he escrito).
La mayoría de personas vivimos performando la normalidad, muchas damos el pego, pero a la que profundizamos vemos lo raras y frikis que somos…
Hay quien se esfuerza por ocultar (y ocultarse) sus peculiaridades con más o menos ahinco y éxito para no afrontar que es diferente en algunos aspectos.
Hay a quien les cuesta admitir que no es normal, ya que le gustaría serlo y no tener problemas, ni críticas, ni señalamientos. ¡Quiere encajar! Quiere ser querido, admitido, respetado.
Pero quien no tiene un ajo tiene una cebolla.
Normal es quien sigue las normas o entra dentro de la norma.
Y la norma no es lo único que existe/merece existir, las diferencias, las desviaciones también son reales/naturales.
¡¿Es que no hay nadie normal en este mundo?!
Supongo que sí, alguien habrá, pero yo no lo conozco.
Sí, debe haber una persona increíblemente normal, convencional y estandard, que no sea ni mucho ni poco de nada.
Pero pienso que debe parecerse a un NPC (non playable character).
Sí, su cuerpo debe ser muy normal, sus capacidades normales, sus gustos normales, sus pensamientos normales, su vida… Absolutamente normal. Nada que reprochar.
Pero si eres normal, normal, supernormal quizás no te cuestionas nada o tienes poca voluntad para llevar la contraria o tienes mucho miedo de ser, de sentir, de expresarte…
Muchas personas nos esforzamos por encajar en las normas, en ser lo que se espera que seamos, a muchas se nos da bien engañar (engañarnos) y a otras no.
Unas tenemos exito en amoldarnos, otras fracasamos y otras ni lo intentamos.
Todos anormales
Luego está quien habiéndose esforzado tantísimo por ser normal regaña, persigue y violenta a quien no puede/quiere serlo.
Porque a las personas que detectamos anormales las penalizamos, las castigamos, las ridiculizamos, apartamos y ejercemos violencias de mayor o menor calado.
Eso nos pasa a nosotros y les pasó a nuestros familiares y antepasados.
Algunos abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… fueron (o intentaron ser) auténticos y pagaron las consecuencias de llevar la contraria a la mayoría y otros se quedaron encerrados en armarios con poca ventilación, encerrados y enfadados/tristes/frutrados… (y no solo por razón de género u orientación sexual también por sus ideas políticas y otras disidencias).
¡Cuánta gente ha pasado por el aro de las convenciones sociales para no sufrir violencias en sus escuelas, familias, hogares, trabajos, calles!
T-O-D-O-S
Sí, todos, en algún ámbito de nuestra vida.
Porque aunque creamos que somos quién queremos ser, hemos sufrimos presiones por muchas partes.
La película de Leticia Dolera «Requisitos para ser una persona normal» lo explica en clave de comedia.
Y el libro «¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?» de Jeanette Winterson también aborda este asunto. En él la autora narra como su madre adoptiva utilizó todas sus armas para que su hija fuera como ella deseaba, incluido ser heterosexual.
No todo el mundo soporta la normalidad.
Muchas veces la presión nos hace petar porque como decían en el podcast «Amiga date cuenta»:
La normalidad nunca sale gratis
Me parece una gran verdad.
Estoy por tatuármela. 🙂
Tratar de encajar en moldes tiene un precio.
Infelicidad, aburrimiento, locura, alienación…
En definitiva: sufrimiento.
Ojalá poder ser más auténticos, atrevernos, encontrar nuestras comunidades anómalas. Y no tener que escondernos.
¿Cómo de normal quieres ser?
Yo a veces deseo ser normal, lo confieso, pero se me pasa en seguida, porque no lo soy ni a nivel personal, ni a nivel familiar, ni a nivel profesional.
Y sé que conlleva un precio revelarse y mostrarse no convencional (perder clientes, por ejemplo), pero prefiero ser yo misma a fingir todo el rato.
Pago el precio.
Y me vale la pena.
Los armarios me agobian mucho.
¿Y a ti?
Mi árbol y yo
Si quieres trabajar conmigo tus peculiaridades y las de tus parientes y familiares te animo a apuntarte a la edición grupal anual de Mi árbol y yo, una experiencia de 10 semanas en que no tendrás que esconder quién eres tú ni tu familia.
Empezamos el 7 de octubre y acabamos el 13 de diciembre.
Ahondaremos en todo lo que tú y tu familia habéis mostrado y en lo que no os habéis atrevido a ser, a decir, a expresar. Y eso va a ser muy revelador.
Reserva cuanto antes tu plaza porque no es un curso masivo y es una gran oportunidad participar en la única edición grupal que hago cada año.




