
Voy a empezar diciendo algo obvio, o no tan obvio, no sé..
La envidia es una emoción.
Y empiezo diciéndolo porque a veces parece que no lo sepamos, o mejor dicho, que lo olvidemos.
Creemos que podemos elegir tener o no tener envidia, cuando lo que hacemos es sentirla.
Y la censuramos cuando surge y nos culpamos si nos invade.
Nos esforzamos en no reconocer que envidiamos a personas por lo que son, por lo que proyectan y/o por lo que tienen.
Hasta preferimos odiar antes que envidiar porque nos da menos vegüenza.
No queremos reconocer que inevitablemente nos sobresaltan los celos.
Muchas veces son celos momentáneos que nos incomodan y que si analizáramos en el momento en que surgen nos darían información sobre nuestras vulnerabilidades o necesidades.
Y también hay celos que se convierten en un sentimiento prolongado que nos atrapa y que incluso puede movernos a hacer cosas feas contra otras personas al estilo de la película «¿Qué fue de Baby Jane?» (cuya imagen promocional he utilizado para ilustrar este post), una película tremenda que os recomiendo ver si queréis explorar las envidias extremas entre familiares, concretamente entre hermanas.
La envidia nos mueve y remueve y si no la gestionamos bien nos lleva a comenzar o mantener conflictos familiares prolongados y/o graves.
Alguien te puede dar rabia, y lo contrario, tú puedes provocar eso en otra persona.
¿Sabes si sientes más comodidad en una situación y en otra?
Yo ya me estoy imaginando que sientes menos confort en la primera opción que en la segunda y esto es lo que puedo aportarte sobre cómo gestionarlo…
¿Cómo lidiar con la envidia propia?
¿Te sentó regular que a tu prima le tocara la lotería?
¿Cada vez que alguien dice que tu hermana es muy guapa algo se te remueve?
¿Te sienta fatal que a tu cuñado le vaya tan bien en los negocios?
En situaciones así, la clave está en aceptar y reconocer la envidia.
¿Aceptas lo que sientes?
¿Lo reconoces internamente, por escrito o en una conversación con otra persona o intentas esquivarlo?
Tu envidia puede que refleje un problema de autoestima, una frustración, un miedo o un resentimiento. ¿Crees que ese es un problema puntual o más profundo?
¿Y si le preguntas simbólicamente a la emoción qué te quiere decir?
Algo así como… Oye, Envidia, ¿por qué has venido a verme? ¿Qué me quieres contar?
Quizás es que tienes una ineguridad, te gustaría ser mejor en algún ámbito, un aspecto físico, relacional o patrimonial. ¿Crees que es posible conseguirlo?
¿Te gustaría alcanzar la misma meta a la que ha llegado ese familiar? ¿Está en tu mano hacerlo o ha sido cuestión de suerte que lo lograra?
¿Con quién puedes compartir lo que sientes a parte de contigo?
Igual no tienes que hacerlo con la misma persona por la que sientes envidia, depende del vínculo que tengáis, de su talante y del momento vital en que esté, y buscar a otra ya que compartir nuestros sentimientos nos alivia con otros los vuelve más manejables.
¿Cómo lidiar con la envidia ajena?
¿Tu cuñada se puso rara contigo desde que anunciaste que te quedaste embarazada?
¿Tu hermana tuerce el morro cada vez que le cuentas que te ha pasado algo bueno?
¿Notas que tu pareja se pone celosa de la relación que tienes con otro familiar?
En casos como estos también nos conviene que aceptar y reconocer la situación aunque a veces no puedas verificarla al 100 %.
En algunas ocasiones puedes hablar con la persona envidiosa si os tenéis confianza, pero plantear a un familiar que te estás dando cuenta de que te tiene envidia no es nada cómodo y puede que lo ponga a la defensiva, así que tendrás que abordarlo dando un rodeo.
En muchas otras ocasiones no hay mucho que hacer, la envidia de otra persona es suya, se refiere a sus preocupaciones, no a las tuyas. No has hecho nada malo existiendo y siendo tú, a menos que te regodees ante otros de lo que eres y lo que tienes y/o te burles de lo que son y no tienen otros.
Si la envidia ha derivado en un conflicto largo y denso, ¡ánimo y paciencia! Espero que acabes pudiendo resolverlo y si no hay forma porque la otra parte no quiere, lo siento mucho. No siempre está en nuestras manos que un conflicto acabe bien y también nos toca aceptarlo y reconocerlo.




